
Imaginándote desde entonces, APC, niña linda
Pensando en Leana y Lidia
La Antigua y Zempoala definitivamente no son sitios que destaquen primordialmente entre las guías turísticas que invitan a conocer y visitar Veracruz. Razones debe haber en el hecho de que han quedado alejados de los polos de desarrollo turístico que promueve el Estado (Veracruz-Boca del Río o Chachalacas-Casitas) o porque se encuentran de paso si el rumbo es la xalapeña capital, las tierras medias y las del altiplano o el mítico Tajín.
Así, los hacedores de itinerarios para el viajero parecen olvidar que ambos sitios forman parte de la historia fundacional de México: Hernán Cortés Pizarro constituye uno de sus primeros asentamientos estratégicos para su expedición en tierras mexicanas en el primer sitio, a orillas del río Huitzilapan o de los colibríes, en tanto que en el segundo obtiene la información específica que le lleva a la conquista de la nación mexica, luego de entrevistarse con Xicomecóatl, el famoso Cacique Gordo de la ciudad zempoalteca. Hoy, La Antigua guarda vestigios de la mítica casa de Cortés y la primera capilla cristiana en tierra firme de América, en tanto que Zempoala es ese sitio imaginado como uno de los tantos sueños de los conquistadores: hasta allí llegaron los hombres y sus caballos buscando edificios de “oro blanco” y encontraron sólo taludes, guarniciones y paredes de piedra y concha molida que al efecto del sol brillaban casi como de metal precioso se tratase.
Es triste constatar hoy que ambos lugares son poco atractivos para los turistas, ávidos de playas “vírgenes” donde las olas del mar o el agua dulce, junto con la arena y el sol inclemente, aquieten sus ansias de pretendido descanso, acompañados de música estridente, apenas audible. De ahí también que uno escuche a los pocos visitantes de ambos sitios desesperar en la visita, al tiempo que dan explicaciones maravillosas sobre hechos históricos extraordinarios. En La Antigua, recorriendo los restos de los cuarteles que Santa Anna ocupó en varias de sus escaramuzas militares al inicio del México Independiente, escucho a un paterfamilias explicar, con plena seguridad de sus dichos: desde aquí “Fidel Castro comenzó su lucha por la guerra de Cuba”, a lo cual más de uno de sus acompañantes duda. A cambio reciben cucharadas de ímpetu: “Acuérdense que Cuba está muy cerca de aquí” y nadie contradice ni agrega más nada. La comitiva parte del sitio acaso imaginando al barbudo isleño deambular entre estas paredes de piedra múcara y ladrillo cocido, donde modernas inscripciones nos informan, por ejemplo, que tanto “la familia rodríguez” y “Amanda y Francisco” estuvieron aquí alguna vez y se quieren y se aman mucho.

Hay demasiadas similitudes geográficas entre ambos sitios: los dos se encuentran a 8 kilómetros de Cardel, estratégica ciudad ubicada a 30 kilómetros de Veracruz y a 56 de Xalapa, donde el viajero puede pernoctar, adquirir lo necesario para el viaje, acceder a bancos o trasladarse entre un sitio u otro. A menos de que se trate de la temporada de carnaval (el más animado por metro cuadrado del mundo) o se quiera degustar de un tradicional lechero como en La Parroquia, esta ciudad aprisionada por las vías ferroviarias no parece tener mayor atractivo: el tren se ha ido y con ello mucha de la economía que le dio auge. Tomar un autobús o un taxi-colectivo desde Cardel hacia ambos lugares cuesta apenas 10 pesos y se está en ellos en 15 minutos a lo sumo, si se conduce a una velocidad moderada. El paisaje que se encuentra en el recorrido está atiborrado de cañales, mangales, palmeras y pinos que intentan detener con sus delgados y largos cuerpos los vientos de Sotavento que ingresan desde el otro lado del río Huitzilapan. El cielo se pinta de fumarolas negras, provenientes de los ingenios “Modelo” y “La Gloria”, a donde los camiones cargueros llenos de caña de azúcar se dirigen a todas horas del día.
La lógica impone visitar primero Zempoala y al final La Antigua. Si se cuenta con auto, se toma directo la carretera Veracruz-Gutiérrez Zamora hasta el kilómetro ocho. Caso contrario, partir desde Cardel es la única opción para abordar el autobús local de pasajeros que lleva hasta Zempoala, comunidad perteneciente al municipio de Úrsulo Galván, con casi 9 mil habitantes, cuya etimología más precisa es “lugar rodeado por veinte aguas”. Aquí el calor es distinto del ribereño sotaventino, por lo que se recomienda protegerse la cabeza y tomar agua en abundancia para evitar malestares de resolana.
A la antigua ciudad del mismo nombre llegó Cortés Pizarro, de acuerdo con Bernal Díaz del Castillo, el viernes santo de 1519 con caballos, capitanes, falconetes, ballesteros y arcabuceros, primero a comprobar que era un asentamiento importante de las nuevas tierras y luego para obtener información trascendental para su expedición ultramarina. Endulzado fue su oído y su imaginación cuando se enteró que los edificios de este complejo eran de oro. Salido de su engaño, entiende que la ciudad será estratégica para la conquista de México, hecho que comprueba años después, en 1521, cuando libra batalla con Pánfilo de Narváez para evitar ser aprehendido por la Corona Española, que le ha declarado rebelde de la Corona.

El ingreso a la zona arqueológica puede realizarse de las 8:00 hasta las 17:30 horas, siendo gratuito los días domingo, en tanto que entre semana tiene un costo de 15 pesos. Esta ciudad antigua, compuesta por 12 sistemas amurallados distribuidos en 7 hectáreas, fungía como centro astronómico y matemático de la cultura Totonaca, donde sus principales complejos integran la Plaza de los Templos. El templo mayor tiene en su parte superior una serie de almenas; el de las Chimeneas, ostenta una serie de pilares semicirculares de un metro y medio de altura, siendo esta forma peculiar la que le da el nombre al edificio; en tanto que la Gran Pirámide y el Adoratorio del Dios del Viento destacan también entre las construcciones.
En su esplendor máximo, Zempoala llegó a tener más de 30 mil habitantes, con más de 100 complejos habitacionales. Hoy muchos de sus patios son adornados con palmeras y nacaxtles imponentes que apabullan al turista que pasea por la plaza mayor, la cual se recorre totalmente en 70 minutos.
Hay que pasar nuevamente por Cardel para dirigirse a La Antigua, donde los señalamientos que anuncian su proximidad pueden divisarse apenas 500 metros antes de arribar a la caseta de peaje de la autopista Cardel-Veracruz. Desde este punto hay que recorrer una distancia similar para estar de lleno en esta pequeña población con apenas 1,200 habitantes, cuyo ingreso económico fundamental proviene del turismo.
La Antigua es el Viejo Veracruz del siglo XVI, designado por Cortés como “Villa Rica” por la abundancia de animales, frutos, árboles y demás naturaleza que lo circunda todavía. Sus habitantes son amables y atentos con el visitante y apenas uno llega es abordado por algún joven guía que en 60 minutos explica los secretos del lugar, nombrándolos como maravillas de un mundo muy lejano: aquí, la Casa de Cortés sostenida por los brazos de la ceiba, con retazos de paredes en medio del gran patio, con sus cocina de bóveda catalana; más adelante, la Ermita del Rosario de 1523, consagrada a la misma virgen cristiana que fuera rescatada del río con todo y su corona de oro. El edificio tiene dos distintas techumbres y tres campanas en su cúspide y en ella fue bautizado el primer indígena totonaca. Su atrio ostenta un vía crucis de Talavera inscrito en español antiguo, incrustado entre sus paredes rojiblancas; cerca de ahí puede apreciarse la mítica ceiba o pochota en la cual Cortés encadenó sus naves, “cuando el río todavía llegaba hasta aquí. Entre sus raíces quedaron aquellas cadenas y éstas que ven son posteriores, que se han perdido para siempre” confirma el joven guía David, mientras a lo lejos se escuchan notas musicales que anuncian el espectáculo de los voladores de Papantla, que por 10 pesos pueden apreciarse durante los fines de semana.

El calor y la caminata obligan a reponer energías. Si se visita alguno de los 4 ó 5 restaurantes que a la orilla del río están dispuestos se logra el cometido: hay muchas ofertas de alimentos y de paseos a través del río. Mientras se prueba alguna delicia marina (marisco o pescado, según se prefiera) o bien las tradicionales picadas de salsa ranchera, con su paciente tiempo de preparación, uno puede tomar asiento o descanso a la sombra de los almendros ribereños para escuchar los itinerarios de los recorridos disponibles de ida-y-vuelta: a “La Cueva del Pirata”, las dunas de arena de Chalchihuecan o las playas vírgenes del mar, por 30, 40 y 60 pesos, aproximadamente, distantes cuando más a 60 minutos.
En caso de decidir quedarse en tierra firme las opciones consideran cruzar el puente colgante para encontrar el viejo camino a Cardel, recorrer el pequeño mercado de artesanías y de comida típica (las cocadas quemadas y el mango con chile parecen ser la especialidad), apreciar el primer edificio de Cabildo en Nueva España o bien recorrer los vestigios del cuartel de Santa Anna o la iglesia del Cristo del Buen Viaje, atiborrado su altar de santos de expresión dramática, cuyos vestidos se notan despintados por el efecto del sol, el calor y el polvo persistente. Si se decide por la playa, los guías prometen rincones nunca antes visitados para disfrutar del agua dulce-del agua salada del río y del mar.
Visitar ambos sitios deja imágenes del pasado en la mente del viajero. Como si se tratara de una cápsula del tiempo, las paredes de las casas, sus piedras y sus sombras parecen confirmar que aquí las horas concentran el paso de muchas estaciones y muchos calendarios. Suena una canción a todo volumen en plaza principal de La Antigua: “un año no es un siglo…”. Miro a mi alrededor y compruebo que eso es completamente cierto.

3 respuestas hasta el momento ↓
yoana yaneth diaz bazan // Diciembre 11, 2008 a 1:16 am |
hola
alma miriam lagunes // Febrero 7, 2009 a 7:05 pm |
Me gustaria que pusieran mas imagenes de este lugar.Sus fiestas,sus tradiciones,su carnaval,el encuentro de lenguas,etc. Poner fechas y lugares de cada evento,si seria mas facil para el turismo saber aque dias sera cada evento.De lo demas que esta escrito es muy poco.Zempoala y la Antigua tiene mucho mas.NO HAY QUE DEJAR QUE NUESTRA CULTURA SE PIERDA.
Rodrigo // Agosto 6, 2009 a 2:33 am |
me gustaria que todos pudieramos saber cuales son lo primeros relatos de la gran cuidad de Zempoala. si existe algo para informarce y si hay mas informacion de los templos que se ecuentran despues de la serce que divide la zona arqueologica, tambien si exite alguna relacion de la zona con algunos grupos olmecas del sureste del estado, por la zona del Faisan tambein se encuntran restos importantes, existe alguna informacion. GRACIAS.