
Hours, days, months, the rags of time
John Donne
¿Sobrará decirlo? Ramón Rodríguez, Dagoberto Guillaumin y Xavier Tavera Alfaro son los únicos sobrevivientes del Consejo Editorial original de La Palabra y el Hombre, la revista universitaria que en este año cumple medio siglo de haber sido fundada por Sergio Galindo, Fernando Salmerón y Gonzalo Aguirre Beltrán. En esta entrevista, Ramón Rodríguez -pieza clase de esa empresa- no sólo recuerda la efeméride, abunda en los hechos y sus protagonistas, desface algunos entuertos y nos proporciona algunas pistas de sus juveniles años arrebatados en busca de su propia vocación. ¡Salud, Poeta, por aquellos días!
Ramón Rodríguez llega puntual a las siete y media de la noche. Como siempre, el paso cansado, casi arrastrando los pies al subir la escalera. Jadea pero disimula la fatigada respiración con una especie de bufido que se le ha vuelto muy de él. El escenario del primer piso del café La Parroquia (cincuentenario también en este 2007), mesas y sillas vacías, lo completa una reunión de señoras que arman y organizan manualidades a saber para qué causa. “Entrevístalas a ellas mejor”, casi ordena, aunque sonríe malicioso. Se sienta lento y pide al mesero, que le pisa la sombra desde las escaleras, una malteada de chocolate. “¡Aquí las hacen riquísimas!”, dice al tiempo que los ojos de niño brillan e iluminan la noche ruidosa de la céntrica calle de Zaragoza.
Dice que no puedo anotar nada. Es casi una orden. Los oficios de Nina Crangle le han citado en este café para, supuestamente, hablar de un ensayo casi inexistente sobre Sergio Galindo y la Editorial de la Universidad Veracruzana. Crangle me insistía por teléfono horas antes: “Que te cuente de la Editorial. Se lo tendrás que sacar a ver cómo, pero apenas comience a hablar, tú no lo sueltes. Recuerda que ya no quiere platicar de nada de eso.”
JJM-R. Inicio preguntándole por una precisión, la cual lo anima de inmediato. Es Ramón Rodríguez, nuestro escritor y poeta cordobés:
RR: – “Sí, 1957 no es el año en que la Editorial de la Universidad Veracruzana fue fundada. En 57 llegan a la Rectoría el Dr. Gonzalo Aguirre Beltrán y Fernando Salmerón Roiz, el primero como Rector y el segundo como Secretario Académico y junto con ellos llegamos un grupo de jóvenes, de distintas partes de México, pero principalmente de Córdoba, Veracruz.
En ese mismo año, ya no recuerdo bien en qué mes, apareció el primer número de La Palabra y el Hombre, la revista editada a iniciativa de ese mismo grupo y del Rector Aguirre Beltrán. No me preguntes a quién se le ocurrió el nombre ni cómo se definió el formato de la misma. Eso ahora no lo recuerdo muy bien. Sería mejor preguntarle sobre el asunto a Dagoberto Guillaumín. Seguramente él tiene más información. Pero 1957 es el año de la revista”.
¿Entonces 1957 no fue el año en que fue fundada la Editorial de la Universidad Veracruzana (UV)?
– “No. La Editorial de la UV tiene su origen en 1952. Entonces era Coutiño el rector y crea una oficina para difundir las actividades de la UV. Su primer director fue Guillermo Mackinley, quien hizo una revista llamada Universidad Veracruzana. Era algo institucional y se reseñaban las actividades de la UV, intercalando breves notas culturales.”

¿Pero editaron libros?
– “Sí, por supuesto. De manera modesta pero importantes para una joven universidad que tenía menos de mil alumnos. Ahí se edita parte de la obra de Rafael Delgado, las investigaciones de José García Payón sobre El Tajín, textos de Manuel C. Tello, de Ramón Alva de la Canal y Francisco Monterde.
Coutiño es sustituido por el Mtro. Aureliano Hernández Palacios, director de la Facultad Jurídica. El Mtro. Hernández Palacios nombra a Librado Basilio responsable de ediciones de la UV y ahí viene otra etapa del Departamento Editorial. Hernández Palacios hace crecer a nuestra Universidad: funda nuevas escuelas y facultades; prepara maestros de universidades extranjeras, extiende a todo el Estado la Universidad. Eso lo cuenta muy bien el Mtro. Hernández Palacios en una especie de memoria que escribió sobre su rectorado. Claro, todo esto no se hubiera podido lograr sin el apoyo del Gobernador Marco Antonio Muñoz T., quien dio todo el respaldo a lo hecho por Hernández Palacios y Librado Basilio.*
El rectorado de Hernández Palacios acaba a fines de 1956, cuando también concluye el mandato del Gobernador Marco Antonio Muñoz, quien es sucedido por Antonio M. Quirasco, que tiene como Secretario de Gobierno a José Luis Melgarejo Vivanco. Melgarejo Vivanco propone a Gonzalo Aguirre Beltrán como Rector y quien a su vez considera a Fernando Salmerón. Salmerón será quien nos propone colaborar con ese rectorado a Sergio Galindo, a Dagoberto Guillaumín y a mí, entre otros.”
¿Qué sucede entonces?
– “En cuanto estuvo definido lo que cada uno de nosotros haría –yo fui nombrado Jefe del Departamento de Acción Social y Extensión Cultural de la UV–, nos presentamos con Fernando Salmerón, a quien conocíamos no sólo por ser cordobés sino porque tomamos juntos algunas clases en Mascarones, en la UNAM en Ciudad de México.”
¿Estudiaron juntos en Filosofía de la UNAM?
– “Bueno, Salmerón sí. Mi familia me había mandado a estudiar Medicina, porque creían que debía tener una profesión productiva, lo cual significaba entonces estudiar para Abogado, Médico, Ingeniero, Arquitecto… Salmerón, por ejemplo, había ya terminado Leyes en Xalapa –todos comenzaban por ahí. Sergio Pitol hizo lo mismo– y cuando obtuvo el título fue a entregárselo a Córdoba a su familia y les dijo que estudiaría lo que le apasionaba, que era Filosofía. Salmerón era un joven brillante, talentoso, con gran visión. De ahí que haya trascendido toda su obra hasta hoy.
Yo supuestamente estudiaba Medicina pero la verdad me la pasaba metido en Mascarones hablando con todos los estudiantes de entonces: Rosario Castellanos, Dolores Castro, Jaime Sabines, Alejandro Rossi, Luisa Josefina Hernández… Entre ellos estaban Salmerón y Sergio Galindo, quien ya había estado en París algunos años antes y estudiaba Letras, casi a escondidas de su familia. Cuando Salmerón, Galindo y yo nos encontramos un día por los pasillos de la escuela, de inmediato me presentó a Galindo. Salmerón le dijo: ‘Ramón es de Veracruz, de Córdoba’. En Mascarones, además de hacer gran amistad con Rossi, Luisa Josefina, Salmerón y Galindo, conocí a quien hasta hoy es mi esposa.
Yo dejé Medicina. En casa inventé no sé qué cosa. Le mentí a mi madre y le expliqué que asistía a las clases de Filosofía. Ella se resignó pero para entonces yo busqué un trabajo. No sé si de vendedor de seguros o algo así. Y luego vino la etapa de trabajar en la UV.
Regresemos a la Universidad Veracruzana. ¿Recuerdas cómo llegó Galindo a la Editorial?
– Nos llamó Salmerón y lo buscamos en las oficinas de la UV, en la calle de Juárez, junto a la Prepa Juárez. Ahí residían la mayor parte de todas las facultades que había en ese entonces, pues la educación universitaria en esos tiempos era para la gente realmente privilegiada o con recursos económicos. Aguirre Beltrán y Salmerón ya despachaban ahí. Guillaumín de inmediato les presentó a ambos un proyecto de trabajo muy amplio donde estaba considerado hacer una revista, que a la llegada de Galindo sería La Palabra y el Hombre. El que Salmerón estuviera en esa posición facilitó mucho las cosas, pues además de ser cordobés ya había pensado en que Sergio Galindo debía ser el Director de la Editorial.
La idea de Salmerón era muy buena. Nos llenó de entusiasmo, pero había un problema: Galindo estaba en Ciudad de México y Aguirre Beltrán quería hablar con él de inmediato. Nos dijo entonces Salmerón una mañana, urgido: “¡Hay que traer ya mismo a Galindo! Tomen, aquí están las llaves de mi auto. Vayan por él.” Nos dio su dirección en el D. F. y sin casi pensarlo ya estábamos de camino Dagoberto y yo por Sergio. El carro, lo recuerdo bien, no tenía gasolina y tuvimos que pagarlo de nuestra bolsa nosotros. Salimos por él y en la tarde de ese mismo día, a ratos manejando yo y a otros Dagoberto, llegamos a la casa de Galindo, que para entonces estaba recién casado, me parece. Le explicamos la situación y al otro día ya estábamos de vuelta en Xalapa.
Galindo se presentó con Aguirre Beltrán y de inmediato fue contratado. Sergio ya tenía una idea de lo que se fraguaba aquí en Xalapa, pues Aguirre Beltrán y Salmerón, meses antes del cambio de Gobernador, habían hecho algunas reuniones en la Ciudad de México con posibles colaboradores. Galindo asistió a algunas de esas reuniones y había explicado sus intenciones: conformar una editorial, hacer una revista y editar libros de autores jóvenes, así como obras importantes estética y literariamente hablando. Lo de hacer una revista era algo que desde muy joven Galindo tenía en mente y al llegar a la UV la oportunidad fue propicia.”

¿Y el resto de los integrantes del primer Consejo Editorial, cómo llegaron a la revista?
– “Algunos de ellos ya trabajaban en la Universidad. Otros fueron contratados para dar clases en las nuevas facultades que se habían creado. No recuerdo quién exactamente trajo a quien, pero los principales orquestadores de todo esto fueron Aguirre Beltrán, Salmerón, Galindo y Guillaumín. Yo hice muy poco, un trabajo muy modesto. Recuerdo haber estado más involucrado en lo que era mi puesto, en enviar dinero a mi esposa y a mis hijos y en trabajar en todo lo que nos ordenara el Rector.
Sé que Tavera Alfaro era director de la Facultad de Historia; Pascual Buxó era el director de Letras y Medellín Zenil estaba encargado del Instituto de Antropología. García Díaz daba clases en la Facultad de Filosofía. Guillaumín era el director del Grupo Profesional de Teatro de la UV y Luis Ximénez Caballero trabajaba como director de la Orquesta Sinfónica de Xalapa . Ya luego llegaron al Consejo Editorial Emilio Carballido, Othón Arroniz, Arturo Serrano, Manrique y Paco González Aramburu, quien trabajaba directamente con Galindo.”
¿Qué hacías, en qué consistía tu trabajo en Acción Social?
– “Mi trabajo era en apariencia muy sencillo: llevar la representación del señor Rector ante el Gobernador del Estado, el Lic. Antonio M. Quirasco, en todos los eventos cívicos a donde no pudiera asistir el Dr. Aguirre Beltrán, además de hacer algunas cosas para la UV: armado de estrados, difusión de las actividades culturales y artísticas, etcétera…. E ir a los desfiles cívicos y militares”.
¿Y qué hacías durante los desfiles?
– “Nada, ver a todas las muchachas que marchaban y sufrir los calores, el sol. Creo que eso era lo peor de mi trabajo” –e inmediatamente maliciosa la sonrisa le invade el rostro y allá va la mirada, en busca de la calle de Enríquez, frente al Palacio de Gobierno, donde el templete de las autoridades encabezadas por el entonces Gobernador Quirasco se instala desde siempre para cumplir con el acto protocolario donde la patria, sus héroes y ciudadanos son honrados. Lejos ahora está Ramón del café, donde su voz es casi silenciada por el murmullo del mismo grupo de señoras que se empeñan en sus manualidades.
¿Y cómo trabajaban en la conformación de la revista, como Consejo Editorial?
– “Las reuniones eran convocadas por Salmerón o Galindo. Ellos eran los artífices de la revista. Se nos repartían los trabajos propuestos para incluir en cada número y nosotros los leíamos, pero la discusión sobre su publicación nunca era algo muy complicado pues todos teníamos muy claro lo que queríamos ver en La Palabra y el Hombre. Sobre el manejo de la Editorial y la Colección Ficción los responsables eran Galindo, Aramburu y en alguna medida Carballido. Todo lo relativo a la Antropología lo revisaba directamente el Dr. Aguirre Beltrán. Salmerón, García Díaz y Arroniz revisaban los textos sobre Filosofía.
Yo hacía muy poco. Los responsables eran todos ellos. Muchas de esas reuniones luego se iniciaban o seguían en el Bar México y en el Casino Español, donde Galindo tenía una tertulia por la tarde, a la salida de las labores en la Universidad. Otras veces González Aramburu ofrecía su casa y en el huerto que tenía en su patio organizaba comidas a donde todos nos reuníamos para discutir cosas de la revista. Nunca fue un trabajo que hiciéramos como obligación sino como algo que nos apasionaba.”
¿Cómo fue que decidieron Galindo y González Aramburu publicar Ser de lejanías en Ficción?
– “¡Eso fue una mala pasada y una sorpresa que me hicieron Galindo y Paco! Los poemas que conforman ese libro los tenía yo en una carpeta en mis oficinas y se los iba mostrando a varias personas para que me dieran su opinión. De pronto, un día desaparecieron sin explicación alguna. Los busqué por todas partes, varias veces, sin poder ubicarlos.
Fue en una de esas comidas que organizaba Paco en su casa que me mostró el libro ya terminado. Galindo, que era mi compadre, simplemente reía porque yo no salía de la sorpresa. No era la manera en que hubiera querido que ese libro fuera publicado pero así fue como pasó. Gracias a la complicidad de Paco y Galindo tuve mi primer libro de poemas.”
Sin embargo, Ramón, ese no hubiera sido tu único libro en la editorial de la Veracruzana. En la solapa de cuarta de forros de Arco y certamen de la Poesía Mexicana Colonial (Siglo XVII) se anuncia un título tuyo que la “UV publicará próximamente”, con el nombre de Introducción a la Espiga. ¿Ese libro existe? Los demás libros anunciados sí salieron publicados pero del tuyo no pude encontrar noticias.
– “No sé de donde sacaste toda esa información –me dice no sé si reprochándome o como tratando de ganar tiempo para eludir la pregunta–. Pero es cierto. El libro nunca fue publicado y se trataba de un estudio ontológico sobre el tema. Las cuartillas se perdieron quién sabe dónde. Nada más.
Entiendo. Te separaste de la UV algunos años después, ¿por qué?
– “Me ofrecieron otro trabajo, con un mejor ingreso. En esa época ya tenía a mis cuatro hijos y decidí optar por una posibilidad mejor para toda la familia, la cual ya vivía conmigo en Xalapa. Me fui una temporada a trabajar entre Córdoba y Monterrey, vendiendo seguros y fue una época muy buena en lo económico. Si bien me alejé un poco de las cuestiones editoriales, nunca perdí contacto con lo que se hacía en la UV, pues Galindo o Paco me enviaban los libros a donde estuviera trabajando.
Años después regresé a trabajar a la Universidad Veracruzana, cuando el Dr. Bravo Garzón fue designado Rector, colaborando ahora directamente en la Editorial. Y a pesar de que estaban la mayoría de las mismas personas, algo había cambiado. Estaban el talento de Galindo y su experiencia pero ya no era lo mismo. Aunque también en esa época llegó Luis Arturo Ramos a colaborar con Sergio.”
¿Es decir que tu casi podrías haberte jubilado, cierto? Son más de 40 años al servicio de la UV.
– “Sí. Tengo ya muchos años trabajando en la UV y a ella debo mucho de mi vida. Sigo trabajando con gusto en la Dirección Editorial y escribiendo, pero la jubilación es una cosa de la que no me gusta hablar. Mi vida ha sido y está en nuestra Universidad Veracruzana.

Ramón decide entonces que no hay más de qué hablar. Calcula la hora quién sabe cómo.
“Es tarde. Vámonos.”
Son casi las diez de la noche e invita a salir. Tomamos el mismo taxi ambos, pidiendo que lo pase dejar a él primero a su casa en la calle Córdoba. Llegamos, se despide y baja detenidamente. Me grita algo mientras cruza la calle para entrar por el portón blanco de la cochera.
“Debes entrevistar a Guillaumín”, creo que ha dicho. “Pero siempre que te dejes entrevistar”, le replico. “No, no tiene sentido. Yo hice muy poco en ese proyecto”, argumenta al tiempo que manotea con ambos brazos.
Desaparece tras la puerta, en medio de la noche, la luna sin asomar. El taxi arranca y pienso en que su testimonio es valioso por haber visto nacer a La Palabra y el Hombre. Por eso es importante alguien como Ramón, además de su valor como poeta. Todo queda en manos del futuro…
* Ramón Rodríguez se refiere a Testimonio de la Universidad Veracruzana (Xalapa, UV, 1988, Col. Estudios Jurídicos, 278 pp.), donde Hernández Palacios advierte de manera crítica los retos que le tocó enfrentar durante su periodo rectoral. Ahí amplia lo recordado por Rodríguez: en el rubro cultural y artístico, entre abril de 1955 y diciembre de 1956, Hernández Palacios instruye los trabajos de construcción de la Biblioteca Central de la Universidad en Xalapa; crea el Departamento de Bellas Artes –acción que concentra las actividades artísticas y de difusión de la Universidad alrededor del Coro y el Cuarteto Clásico, Radio Universidad y el grupo de Danza–; funda el Teatro de Cámara –a cargo de Dagoberto Guillaumin Fentanes, quien promueve tanto la representación de obras de autores de prestigio (Miller, Chejov y O’Neill) como de piezas de jóvenes dramaturgos mexicanos (Sergio Magaña, Héctor Mendoza, Sergio Galindo y Emilio Carballido, por ejemplo); y concreta la apertura tanto del Instituto de Lenguas como de la Facultad de Filosofía y Letras. El primero, a cargo también de Librado Basilio, incluirá las cátedras de Español Superior, Francés, Italiano, Alemán, Inglés, Latín, Griego, Náhuatl y Totonaco; la fundación de la Facultad tiene en Fernando Salmerón, egresado de la UV y la UNAM, a su verdadero impulsor y creador.
1 respuesta hasta el momento ↓
LSCA. Eduardo Palacios Manubes // Febrero 3, 2009 a 8:18 am |
CON TESTIMONIOS COMO ESTE AMPLIO MI VISIÓN SOBRE LA UV, YO YA ESTABA ORGULLOSOS DE HABER EGRESADO DE LA UV, PERO AHORA CONSIDERO QUE ES UN HONOR HABER ESTUDIADO EN LA UNIVERSIDAD VERACRUZANA.