Lejos del muladar ruido

Los libros se tiñen de rojo

Septiembre 15, 2007 · 1 comentario

 

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Era un viernes, el 27 de julio, con típico circo cultural de varias pistas en Xalapa: desde las 18:00 horas, el homenaje a Luis Arturo Ramos en las instalaciones de la Editorial de la Universidad Veracruzana –que no la ‘Feria Permanente del Libro’, porque el lugar apenas funciona como una ‘Librería’–; una hora más tarde, la presentación del libro Antioperiodismo de Sergio González Levet, en el Auditorio Alberto Beltrán de PuntoyAparte; a la misma hora, en la Galería Anexa del Museo de Antropología de Xalapa, la inauguración de la exposición de cerámica japonesa. Sin embargo, el estelar de esa veraniega tarde-noche era la presencia del Gobernador del Estado, Fidel Herrera Beltrán, durante la inauguración de la XVIII Feria Nacional del Libro Infantil y Juvenil, en punto de las 18:00 horas en el edificio del Colegio Preparatorio de Xalapa –conocida por todos como la Prepa Juárez. El orden de los factores se ha invertido: la pista del centro se ilumina para constatar la presencia del Gobernador del Estado inaugurando la Feria del Libro de la Prepa Juárez. 17 ediciones tuvieron que pasar, gobernadores incluidos, para que ahora fuera más importante el Titular del Ejecutivo que la Feria, sus libros y sus escritores… pero es el sino de estos tiempos interesantes que nos toca vivir.

Van las canicas en tropel: 19 y 20 y 40 y más de 100
17:57. Funcionarios fidelistas, reporteros de todos los medios adscritos a la fuente del Gobernador, personal de Ayudantía y Atención Ciudadana de esas mismas oficinas, peticionarios diversos y público en general se agolpan en la puerta del Colegio de la calle de Juárez faltando tres minutos para las 18:00 horas. Hay inquietud, risas y saludos efusivos entre todos. Ya casi es la hora marcada… ahora pasan dos o tres minutos y la ausencia de tráfico sobre la calle señala por fin el arribo del Titular del Ejecutivo Estatal. Es el tiempo para que todos tomen sus posiciones, se ajusten la ropa, los celulares, la corbata, las herramientas de trabajo, su mejor discurso, el saludo efectista.
18:03. Ahora los compañeros de los medios de comunicación atraviesan la calle para llegar hasta el Gobernador: un radiotaxi, con los vidrios levantados, deja verlo. Sentado del lado del copiloto atiende una llamada en su celular y ello retrasa su salida del vehículo. Por esa razón los oficiales de tránsito municipal lidian con los desesperados conductores que tocan eufóricos las bocinas de los autos, por esa razón la expectación crece en la puerta del Colegio Preparatorio, por esa razón todo está en calma aún dentro de la Prepa Juárez.
Una niña, de aproximadamente ocho años de edad, sobre en mano, de principio al caos. Se acerca al taxi con la intención de hablar con el Gobernador, tocando su vidrio. De inmediato es interceptada por un empleado de Atención Ciudadana para que le entregue su solicitud: “Pero quiero saludarlo”, contrasta ella. “Lo podrás saludar después, pero yo le entrego el sobre, mi’ja”, dice el auxiliar quien ya suda a mares por debajo de los lentes oscuros para el inexistente sol de la tarde nublada. El Gobernador sonríe al tiempo que vigila la escena y es bañado en luces por los flashes de las cámaras reporteriles. Ya quiere acabar la llamada pero su interlocutor no para de hablar… Se despide una y dos veces. Por fin cuelga fastidiado y guarda el celular en la bolsa del saco gris. Intenta pagar el taxi, pero el conductor se niega a cobrar la carrera y el Gobernador del Estado le da la mano como señal de agradecimiento. Abre ya la puerta y ataja a todos los reporteros: “¡Vamos, vamos, vamos, ya es muy tarde!” aunque en realidad apenas pasan cinco minutos de la hora convenida para la inauguración.
18:05. Fotos y más fotos mientras cruza la calle el Ejecutivo Estatal, dos guardaespaldas lo intentan cubrir por los costados sin éxito: de súbito se ven superados en número por los que esperan en la puerta principal. Parecen 25 ó 30 personas, pero del interior se suman más y desde afuera arriba más personal de Ayudantía hasta hacer cerca de 60 personas que empujan y quieren avanzar para estar más cerca del Jefe de las Instituciones, quien ahora camina con dificultad los escasos seis metros para aparecer en el umbral del acceso principal. A fin de rodearlo, forcejean para llega a él Zita Pazzi, Sergio Villasana y Félix Báez-Jorge, directores generales del Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia de Veracruz, del Instituto Veracruzano de Cultura (IVEC) y Regente de la Editora de Gobierno, respectivamente, en quienes recae la organización de la Feria durante esta edición. Faltan los secretarios de Cultura y Turismo y Cultura, Víctor Arredondo y Gustavo Souza, de quien no se ve sombra alguna. El objetivo del evento: cortar el listón inaugural de la Feria, recorrer los puestos de libreros ubicados en el piso intermedio (que abarcan 150 metros aproximadamente), entregar sendos reconocimientos en el Salón de Actos de la Preparatoria a Guadalupe Alafita –trabajadora de las 18 ediciones de la Feria–, y a Rubén Viveros Watty –seleccionado nacional en la última edición de los Juegos Centroamericanos y del Caribe en la especialidad de salto con garrocha–; escuchar junto con el público asistente alguna de las interpretaciones del Mariachi Universitario y salir del lugar. Una travesía de entre 20 a 25 minutos, según la Agenda, para de ahí salir con rumbo a la presentación del libro de González Levet, ubicado a 100 metros de la Prepa Juárez. Pero nada parece sencillo.
Y se sucede, obvio, la marabunta de servidores que parecen tener poca vela en ese entierro pues ni cargo en la administración estatal tienen. Están, claro, los que justifican su estadía en tanto representan a alguien de mayor rango, ausente en el evento (es el caso de Manuel Zepeda y Celia del Palacio, quienes se interrogan entre sí para saber quién trae verdaderamente la representación del Rector de la Universidad Veracruzana), pero son más los que quieren estar cerca del Gobernador , pasando literalmente encima de quien sea, para salir en la foto (como Silvia Tomasa Rivera, quien suda la gota gorda del verano, sufre el corrido del maquillaje en sus variados intentos por aproximarse al Titular del Ejecutivo, se rezaga, no alcanza a nadie, sencillamente se pierde entre el mar de gente, preguntando a las conchitas por su pálido color).

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18:07. Inundan el ambiente las notas de un grupo coral de niñas y casi adolescentes (de entre 8 y 14 años) que de su tierno pecho, con solo de guitarra, cantan “La Adelita”, bajo la mirada atenta del Ejecutivo, quien ha detenido su marcha para apreciar la melodía a unos pasos del listón inaugural que debe cortar. Detrás de esos acordes hay una petición, pero ésta todavía no adquiere forma. Mientras la mayor parte de los presentes intentan poner atención, otro tanto se pregunta sobre quién programó esa parte del evento. Pazzi niega con la cabeza, Villasana hace lo mismo con Cuspinera. Nadie tiene una respuesta clara. La melodía parece eterna, el barullo de las conversaciones y las risas ganan terreno, algunos recuerdan que debieron escoger una melodía de Francisco Gabilondo Soler, Cri-Cri, por estar a él dedicada la Feria, pero ni con eso se encuentra el silencio. Por fin concluye la melodía, arrecian aplausos, las niñas cercan al Gobernador. Los empujones dominan, son la constante. Logran llegar los funcionarios a donde espera el listón, el cual cortan presurosos.
18:12. Comienza el recorrido por los stands de los expositores y los peticionarios le acosan: “Señor, he buscado a los funcionarios que me indicó pero no hacen caso de sus instrucciones”; “Gobernador, es la tercera vez que lo veo para lo de la beca y no me han resuelto nada”; “Es para apoyar a un grupo de estudiantes que representará al Estado”, y a todos les toma los papeles y tarjetas que le alcanzan, las cuales rubrica y pasa a los funcionarios que le siguen, al tiempo que les propina un regaño: “¡Eso te lo encargué a ti directamente!”, “¡Atiéndanlo lo más pronto posible!” (¿Esta es una de las explicaciones de su 91% de aceptación como Mandatario?). Entonces repara en algo y vocifera Fidel Herera Beltrán: “¡Los niños! ¡Los niños! ¿Dónde están los niños?” Y el silencio inunda el pasillo, todos voltean a verse sin entender la petición, a lo que Herrera Beltrán completa: “Es una Feria de niños y no están los niños”.
18:15. Mágicamente un pasillo se abre de entre la multitud que sigue al Gobernador y todos gritan, para aprovechar el sortilegio: “¡Niños, Niños, que venga cualquier niño!”. Y Fidel Herrera ahora toma los ejemplares de El rojo es el mejor color que algún colaborador le alcanza y espera, sonrisa en ristre, a que los infantes lleguen. “¡Dejad que los niños se acerquen a mí!”, celebra, pero pocos saben si reír o hacer como con la muñeca fea ante la ocurrencia del Herrera Beltrán. Apenas se percibe el título o el autor del libro. La autora, Kathy Stinson, con la ayuda de las ilustraciones de Robin Baird Lewis y gracias a los oficios de Ediciones Ekaré, de Caracas Venezuela (Saludos al otro Dictador Sutil), cuentan la historia de una niña de edad preescolar quien relata cómo su mamá no entiende que el color de su preferencia es el rojo, a diferencia del azul o del amarillo, para lo cual muestra distintas prendas de vestir para ilustrar su argumento, al tiempo que se recorre también su casa. ¡Insensata madre del cuento! Tanta obviedad no requiere más explicaciones inclusive en nuestra realidad veracruzana. Cedo, para este fin, la crónica a Norma Trujillo Báez de Al calor político.com: “Pero la presencia del color rojo estaba allí entre libros de 50 expositores del país, allá en unos pendones aparecía Cri Cri, tocando un piano rojo, incluso, entre su traje de músico vestía un frac rojo. El libro fue repartido entre los niños asistentes, del que se sabe hay 10 mil ejemplares para ser obsequiados a los menores durante el 27 de julio al 5 de agosto, con oportunidad editorial” (negritas de este cronista).
18:18. Llegan primero unas niñas del grupo coral, quienes apenas reciben el libro –beso y saludo de mano de Herrera Beltrán incluidos– van tomando posiciones en la romería en que se ha convertido el recorrido. Se incorpora en la oportunidad Víctor Arredondo, con aperlado sudor en la frente. Las niñas ahora toman un costado del pasillo, barandal de espaldas, y vuelven a caminar con el Gobernador mientras cantan el Himno a Veracruz en alguna de sus versiones en lengua indígena. Nadie es capaz de reconocer en cuál de todas cantan el Himno, pero tampoco saben en qué consiste su petición. Es lento el avance de los funcionarios y los reporteros se atropellan con los peticionarios y demás agregados.

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18:21. Una señorita de 19 o 20 años alcanza a Fidel Herrera. Le cuenta al oído su petición y de inmediato encuentra respuesta: “Que te dé el nombre de sus compañeros” y la fuerza de los que avanzan la lanza pleno al que recoge las peticiones, a quien explica con mayor detalle: “Es para una graduación y nos hace falta apoyo” “¿Y cuándo es la graduación?” “Ahora mismo, en el Casino Xalapeño”. Se dibuja entonces la sorpresa en el empleado público quien toma los nombres pero no termina de entender de qué se trata el apoyo.
18:24. Por fin el Gobernador del Estado ingresa al Salón de Actos. Más flashes y de inmediato pide los reconocimientos de Alafita y Viveros Watty. El maestro ceremonias anuncia con rapidez sus partes y los homenajeados suben presurosos, dan la mano a los funcionarios y al Ejecutivo Estatal y se alistan para las fotos y las tomas de los medios. Se cumple una nueva estación y el peregrinar escoge una puerta alterna para continuar el gólgota que no respeta gente de la tercera edad, niveles jerárquicos, edades o importancia logística o periodística.
18:26. Ahora la música es doble: el coro infantil-juvenil (que en realidad busca un apoyo para viajar a un festival que se celebrará en Argentina) acompaña con otra melodía desconocida que es más bien inaudible gracias a que el Mariachi Universitario ya deleita al respetable con su primera interpretación de la tarde. El Jefe de las Instituciones estatales ha recorrido ya la mitad del pasillo y los reporteros, para tener mejor perspectiva en imágenes, cortan por las escalinatas centrales para encontrarle en la siguiente esquina del pasillo. Pero cambia el plan y ahora decide bajar al patio central a tomar asiento entre el público que yace bien acomodadito desde las seis de la tarde.
18:32. El Gobernador luce su sonrisa para los medios y alguna canción de Alejandro Fernández suena en el sonido local. Pero no llega la paz para el Primer Funcionario Estatal: más peticiones y firmas descomponen el momento y decide intentar salir por la escalera central de la Prepa Juárez. Es entonces que los reporteros le presionan para que dé sus puntos de vista y declaraciones y le rodean todos, mientras es vigilado por la mayoría de los funcionarios de la SEV y el IVEC que renuncian a seguirle los pasos ahora al Gobernador. Los peticionarios no desaparecen ni cejan en su misión.
18:39. Casi inaudible: “Ahora voy sinergiar y organizar, he decretado hoy la constitución de un Consejo Estatal Editorial del Gobierno de Veracruz, para que todas las instituciones y dependencias públicas que publican obras puedan tener una sola línea para promover y enaltecer a los creadores de cultura en Veracruz. Este nuevo Consejo Estatal Editorial no es un cargo burocrático, es una comisión que yo presidiré o que presidirá el Secretario de Educación porque la idea es que no haya duplicidades porque simultáneamente publica el Instituto Veracruzano de la Cultura, la Editora, las secretarías, las subsecretarías, las direcciones, la Universidad es autónoma pero también publica.”
18:43. “Porque el libro es el mejor amigo del hombre, ya no es solo el perro, porque en la etapa de la informática, el libro resume la sabiduría y el conocimiento, es luz, es alegría, es esparcimiento. […] Ahora estoy releyendo Cien años de Soledad de Gabriel García Márquez, el de Patrick Süskind, el libro de Zender sobre la pareja de la mujer, un regalo que me dio mi esposa.”
18:47. Ayudantía y la Unidad de Agenda indican que la salida ha sido programada por la calle de Revolución, donde esperan dos camionetas para llevar al Gobernador del Estado al siguiente evento, el cual se guarda en secreto para que los peticionarios no le sigan o le alcancen allá. Sale el Jefe del Ejecutivo y detrás de él algunos elegidos en sus peticiones. La chica de la graduación es la primera de ellas, quien es colocada en el asiento trasero de la camioneta blanca del Gobernador, quien no puede alcanzar a subir del lado del pasajero pues muchos quieren hacerle llegar una tarjeta o decirle algún mensaje personal. Una señora estalla en crisis a gritos, entre el tráfico detenido por la ocasión. “No es posible que no haya podido hablar con él”. Ahora llora y los rostros del personal de Ayudantía comienzan a perder la indiferencia. Uno ataja para que Fidel Herrera suba, pero apenas se acomoda, una joven de 22 años, clase acomodada, ropa de moda, impide con su cuerpo el arranque de la unidad. “¡Que nadie me toque! ¡Sólo quiero hablar con él!” Herrera vuelve a la sonrisa cómplice y con la mano indica que venga hacia él. Ella tiene los ojos fuera de sí. Se nota desesperada y no cede un centímetro. “¡No traigo nada, no le voy a hacer nada, pero que nadie me toque!” Y entonces un agente de tránsito le indica con energía: “¡Nadie la ha lastimado y no tiene por qué gritar más! ¡Acérquese a la puerta que el Gobernador la quiere escuchar!” Ella secretea su petición al oído del gobernante, quien asiente con la cabeza. “Pasa a mi oficina y ahí te atenderá alguien de mi confianza” Por fin se aleja la camioneta blanca y quedan los funcionarios exhaustos en medio de la calle, confundidos sobre si habrán hecho bien su labor hoy. Unos regresan a la Feria y lo más, desaparecen en sus autos particulares y gubernamentales para disfrutar del verano y la calma de la intensa tarde-noche.

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